Desde hace unos cinco años, sino más, me he dado a la tarea de descifrar el por qué los toreros, regularmente, hago la salvedad, después de cada lance (con la capa) o pase (con la muleta), corren hacia atrás, como un gorrión, para rectificar la posición en la que quedan respecto al toro, desluciendo así las suertes en ejecución.
En consecuencia, ligar, que es hilvanar un lance o un pase con otro una y otra vez, sin enmendarse (rectificar el torero su posición), o apenas después de girar en redondo (quedar de espaldas al envite anterior), avanzar pausadamente (con gallardía) un paso o a lo sumo dos en diagonal y en dirección opuesta en la que se encuentra el toro, y así sucesivamente hasta el remate de capa o el pase de pecho con el que se le da final a la tanda en ejecución. Ver ensayo

