En el ensayo “Someter al toro en el ruedo: un seguro de vida para el torero” , publicado por este portal el 5 de febrero de 2008, explicaba, que de acuerdo a mi apreciación, que partía de la observación continuada y repetitiva de un número apreciable de fotos, videos y corridas, podía inferir, que el toro cuando se desplaza o embiste con la cabeza alta es más susceptible de responder a las perturbaciones circundantes, aún las más imperceptibles, que cuando humilla al acometer; y que en la medida en que más bajaba la cabeza, en esa misma medida se concentraba aún más en su objetivo, llegando al clímax cuando se le lleva sometido en todo el sentido de la palabra, que de acuerdo a mi particular definición, acontece cuando el torero recibiendo al toro de frente y centrado a sus pitones, le hace describir una trayectoria circular a su alrededor, lo más cerca posible de su cuerpo, y con el hocico pegado al suelo, punto en el cual, el torero prácticamente no corre peligro alguno: toro centrado en un ciento por ciento en el engaño que se desplaza a velocidad constante a su frente y con el torero plenamente absorto en su ejecutoria. Ver ensayo

